Archivo de la categoría: Libros y películas de/sobre Japón

Ciclo de cine japonés en Barcelona

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“Yo no huiré”, de Ryû Murakami

Transcribimos a continuación un artículo del escritor japonés Ryû Murakami publicado ayer, domingo 20/3/2011, en el periódico español El País.

Se trata de un artículo que, además de reflejar la posición de una persona japonesa normalmente crítica y comprometida con su propio país ante la situación que vive actualmente Japón, invita a la reflexión sobre la necesidad de poder confiar en las informaciones que se difunden y en las personas que tienen conocimientos técnicos y científicos sobre situaciones que a las personas no expertas en el tema se nos escapan, y hace, al mismo tiempo, un elogio a la esperanza, una esperanza con un sentido mucho más amplio que el de la propia recuperación de la situación actual.

YO NO HUIRÉ   (Ryû Murakami)

Salí de mi casa en la ciudad portuaria de Yokohama poco después del mediodía del pasado viernes y poco antes de las tres de la tarde me registré en mi hotel del barrio de Shinjuku en Tokio. Habitualmente paso allí tres o cuatro días por semana para escribir, reunir material y ocuparme de otros asuntos.

El terremoto se dejó sentir justo cuando entraba en mi habitación. Creyendo que podría acabar atrapado bajo los escombros, me apoderé de un recipiente de agua, una caja de galletas y una botella de brandy y me metí rápidamente bajo el sólido escritorio. Ahora que lo pienso no creo que hubiera tenido tiempo de saborear un último sorbo de brandy si el hotel de 30 pisos se hubiera derrumbado conmigo dentro. Pero incluso tomar una medida tan inútil sirvió para poder mantener a raya el puro pánico.

No tardó mucho en llegar un aviso de emergencia por la megafonía: “Este hotel está construido absolutamente a prueba de terremotos. No hay peligro de que el edificio se derrumbe. Por favor, no intente abandonar el hotel”. El aviso se repitió varias veces. Al principio me pregunté si sería verdad o si la dirección simplemente estaba intentando que la gente mantuviera la calma.

Y fue entonces cuando, sin pensar realmente en ello, adopté mi actitud fundamental con relación a este desastre: al menos de momento, me fiaré de las palabras de la gente y de las organizaciones con mejor información y más conocimiento de la situación que yo. Decidí creer que el edificio no se caería. Y no lo hizo.

Se dice a menudo que los japoneses acatan escrupulosamente las reglas del “grupo” y que son expertos en la formación de sistemas de cooperación ante las grandes adversidades. Hoy sería difícil negarlo. Son incesantes las valerosas operaciones de rescate y los esfuerzos de socorro, y no hay noticia de pillaje alguno.

Fuera de la mirada del grupo, sin embargo, también tenemos una tendencia a comportarnos egoístamente, casi como si nos rebeláramos. Y eso también lo estamos experimentando: productos imprescindibles como arroz, agua y pan han desaparecido de los supermercados y comercios de alimentación. El combustible se ha agotado en las gasolineras. Hay pánico comprando y acaparando. La lealtad al grupo se está poniendo a prueba.

Ahora mismo, no obstante, nuestra mayor preocupación es la crisis de los reactores nucleares en Fukushima. Hay un montón de información confusa y contradictoria. Hay quien dice que la situación es peor que la de Three Mile Island, pero no tan mala como la de Chernóbil; otros dicen que se dirigen hacia Tokio vientos que transportan yodo radiactivo y que todo el mundo tendrá que quedarse en casa sin salir y comer mucho kelp, que contiene cantidad de yodo saludable y que ayuda a prevenir la absorción del elemento radiactivo. Un amigo estadounidense me ha aconsejado que escape al oeste de Japón.

Hay gente que está huyendo de Tokio, pero la mayoría se queda. “Tengo que trabajar”, dicen algunos. “Tengo aquí mis amigos, y mis mascotas”. Otros argumentan: “Incluso si se convierte en una catástrofe tipo Chernóbil, Fukushima está a 170 millas de Tokio”.

Mis padres viven en el oeste de Japón, en Kyushu, pero no tengo intención de huir allí. Quiero quedarme aquí, al lado de mi familia y de mis amigos, y de todas las víctimas del desastre. De algún modo quiero transmitirles valor, del mismo modo que ellos me lo transmiten a mí.

Y, por ahora, quiero continuar con la actitud que adopté en mi habitación del hotel: me fiaré de las palabras de las personas y organizaciones mejor informadas, en especial de científicos, médicos e ingenieros a los que leo online. Sus opiniones y juicios no merecen mucha atención en los noticiarios. Pero la información es objetiva y precisa, y confío más en ella que en todo lo que oigo.

Hace 10 años escribí una novela en la que un estudiante de Secundaria pronunciaba un discurso ante el Parlamento y decía: “Este país lo tiene todo. Aquí se puede encontrar todo lo que uno quiera. Lo único que no se puede encontrar es esperanza”.

Uno podría hoy decir lo contrario: los centros de evacuación se enfrentan a una seria escasez de alimentos, agua y medicinas; también hay escasez de mercancías y de energía en la región de Tokio. Nuestro estilo de vida está amenazado, y el Gobierno y las empresas de servicios públicos no han respondido adecuadamente.

Pero, frente a todo lo que hemos perdido, la esperanza es realmente lo que los japoneses hemos recuperado. El gran terremoto y el tsunami nos han robado muchas vidas y recursos. Pero nosotros, que estábamos tan intoxicados con nuestra propia prosperidad, hemos vuelto a plantar la semilla de la esperanza. Así prefiero creerlo.

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Los tubérculos en la cocina japonesa (I) – Taro o satoimo

里芋について。

La cocina japonesa tiene la fama en Occidente de ser muy sana pero el motivo por el cual se ha extendido esta creencia está basado principalmente en la idea de que los japoneses consumen grandes cantidades de pescado que, en contraposición a la abundancia de carne de las dietas occidentales, se considera más sano, sobre todo si tenemos en cuenta que, además, se consume, en su gran mayoría, crudo o asado con sal, sin aceites ni salsas grasas.

Sin embargo, lo que hace de la cocina japonesa la base de una dieta sana y equilibrada no es únicamente el consumo de pescado crudo o asado sin grasas, puesto que una dieta basada exclusivamente en el consumo de pescado carecería de muchos elementos necesarios para el cuerpo humano y no se podría calificar de sana.

La variedad y el equilibrio son las palabras clave que definen la dieta tradicional japonesa, la cual se sustenta en una gran variedad y riqueza de ingredientes que incluyen no solo pescado sino también carne, verduras, legumbres, cereales, algas, frutas, tubérculos, etc.

El mundo vegetal en la cocina japonesa es el gran desconocido en Occidente. Sin embargo, no es posible hablar de cocina japonesa sin pasar por él, puesto que la riqueza en texturas, sabores y colores que aportan a los platos es esencial.

En nuestro afán de ser fieles a la cocina tradicional japonesa, en WAGOKORO nos encontramos con serias dificultades a la hora de diseñar los menús que vamos ofreciendo, puesto que la oferta de hortalizas, hojas, tubérculos, hierbas, cítricos, etc. que encontramos en España es diferente y más limitada que en Japón.

A pesar de todo, nos esforzamos por introducir un gran número de representantes del reino vegetal, entre los cuales se encuentran algunos que no se usan en la cocina española y que, por lo tanto, mucha gente desconoce. Este es el caso de un tubérculo llamado taro o satoimo 里芋, que ya hemos usado en varios menús y que volvemos a usar, en una nueva variante, en el entrante del menú que serviremos hasta el día 6 de febrero.

El taro es un tipo de tubérculo que tiene su origen en los países más cálidos y húmedos del sur asiático y forma parte de la dieta japonesa des del periodo de Jômon 縄文時代 (s. CXDV-X a.C.). Satoimo 里芋 es la denominación que recibe este tubérculo en Japón y significa literalmente “tubérculo de pueblo”, en contraposición a otro tubérculo también muy habitual llamado yamaimo 山芋, que significa “tubérculo de montaña”, puesto que el primero es cultivado por el hombre en el campo y el segundo crece de forma silvestre en la montaña.

El taro o satoimo 里芋 se cultiva en tierras fangosas, soleadas y en zonas de temperaturas cálidas. Se cosecha a finales de verano y durante el otoño. Su componente principal es la fécula, es bajo en calorías y constituye una buena fuente de fibra dietética.

Se trata de un ingrediente habitual en los platos cocidos japoneses y también un elemento habitual en la comida tradicional de Año Nuevo osechi お節料理 (tal como explicamos en otro post, en la comida de Año Nuevo osechi cada ingrediente tiene un significado simbólico y el taro, por su forma de reproducción, se asocia simbólicamente a la fertilidad).

Por lo general no se come crudo sino que se pela y se hierve o se cuece al vapor o con caldo japonés dashi 出汁. Es frecuente encontrarlo en los cocidos cortado en forma hexagonal, tal como aparece en la siguiente fotografía.

 

El principal productor de satoimo 里芋 en Japón es la región de Chiba 千葉, al este de Tokio 東京, seguido de las regiones de Miyazaki 宮崎, Kagoshima 鹿児島 y Fukui 福井.

Aunque el propio tubérculo no les sea conocido, quizás algunas personas reconocerán la imagen de la hoja de la planta, puesto que se trata de una imagen recurrente en el film Kikujiro 菊次郎の夏de Takeshi Kitano 北野武.

    

http://www.office-kitano.co.jp/contents/kikujiro/index.html http://www.youtube.com/watch?v=qEb4TG10jW8  (banda sonora de Joe Hisaishi)

Esperamos que las personas que han probado nuestro entrante actual sin saber exactamente qué comían tengan de esta forma más información y también esperamos haber despertado la curiosidad de los que no lo han probado todavía para que vengan a probarlo hasta el sábado 6 de febrero. (^-^)

A Year in Japan, de Kate T. Williamson

お客様から日本についてのとても可愛い本をいただきました。

Kate T. Williamsonというアメリカ人のデザイナーが日本の靴下のデザインに憧れて京都で一年住んでいたそうです。その一年の日本での経験を可愛い絵と面白い文書で書いています。お勧めの本です。

Hace unos días una amiga y asídua de WAGOKORO. Cuina japonesa nos trajo de su reciente visita al MOMA de San Francisco un bonito libro sobre Japón que nos gustaría compartir con todos vosotros. Se trata de A Year in Japan, de Kate T. Williamson.

 A Year in Japan, de Kate T. Williamson

Kate T. Williamson, escritora, ilustradora y diseñadora, llegó a Kyoto atraída por la gran cantidad de formas, colores, dibujos y estampados que se usan en el diseño de calcetines en Japón y enseguida quedó enamorada del país, en el que pasó un año.

A Year in Japan hace un recorrido por las cuatro estaciones del año, tal como se viven en Japón y vistas desde un punto de vista del visitante occidental, a través de entrañables ilustraciones que la autora hizo durante su estancia en Japón y que van acompañadas de breves explicaciones, comentarios o reflexiones en forma de diario de viajes.

Es un libro que seguramente gustará tanto a las personas que ya conozcan Japón, pues encontrarán momentos con los que se sentirán identificados, como a las personas que todavía no conozcan el país pero tengan ganas de conocerlo, puesto que transmite una bonita e interesante imagen de Japón.

A Year in Japan, de Kate T. WilliamsonNo se trata de una guía de viajes convencional con información práctica, pero sí de una pequeña guía de conceptos y aspectos culturales varios relacionados con la vida en Japón que pueden resultar interesantes para un occidental: la tradición de “mirar la luna” o tsukimi 月見, los karaoke box, la comida tradicional de los monjes budistas o shôjin ryôri 精進料理, el tren bala o shinkansen 新幹線, las flores del cerezo o hanami 花見, los luchadores de sumo o sumô tori 相撲取り, etc.

Una simpática mirada a Japón, desde su interior, que alegrará la tarde a más de uno, sobre todo si se acompaña la lectura con una buena taza de té verde… japonés, ¡claro!

"Still Walking" – Japón en verano

是枝監督の歩いても歩いても ・ 懐かしい日本の夏

El otro día, mientras estaba explicando el contenido de un plato que acababa de servir y que incluía anguila asada o unagi (うなぎ), un comensal de la mesa en cuestión me comentó que había visto una escena de una película japonesa en la que una familia comía unagi con gran entusiasmo y que le había hecho pensar que quizás se trataba de una comida especial para los japoneses.

La película que contiene esta escena es del director japonés Kore-eda (是枝) y se llama Still Walking, o Aruitemo Aruitemo (歩いても歩いても) en su versión original. (Todavía puede verse en algunas salas de cine de Barcelona.)

Gracias a este comentario me animé a hacer lo que hacía tiempo que quería hacer y no hacía: ir a verla. Y me encantó.

Se trata de una mirada tierna, sensible y sutil hacia el interior de las personas (kokoro) y los a veces complicados sentimientos que marcan las relaciones entre los diferentes miembros de una familia. 

La película se desarrolla en un solo espacio: la casa de los padres ya ancianos, situada en un pequeño pueblo de la costa, cerca de Yokohama, y en una sola unidad de tiempo: un día, y permite ver muchas costumbres del día a día de una familia japonesa, entre ellas, y muy imporante, la comida.

Disfruté reconociendo escenas y elementos típicos del verano japonés (日本の夏の風物詩), que tanto me gusta, y me entró la nostalgia: el sonido de las cigarras (蝉) cantando, el paipai de papel (団扇) para abanicarse, la soja verde (枝豆), el jengibre japonés (茗荷), el maíz fresco (トウモロコシ), la sandía (スイカ). Y la anguila asada o unagi (うなぎ).

En Japón existe la creencia de que la anguila es un alimento muy nutritivo y, como en verano, a causa del calor, la gente tiene menos apetito y, por lo tanto, toma menos alimento, la anguila se considera una buena fuente de energía para superar con fuerzas el verano. De ahí la costumbre de comer anguila asada en verano.

Y teniendo en cuenta esta costumbre, en WAGOKORO. Cuina japonesa hemos incluído la anguila o unagi en uno de los platos del menú que servimos hasta el día 4 de julio. ¡No os lo perdáis!