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La primera luna llena de otoño

中秋の名月、十五夜、お月見。お団子はお供えしましたか?

Si ahora te preguntaran qué día podremos ver la luna llena en los próximos días, ¿sabrías responder de inmediato? Quizás ni tan solo pensándolo un buen rato encontrarías el día, ¿verdad? Pues bien, buena parte de la población japonesa sí sabría responder a la pregunta sin necesidad de pensárselo mucho…

Una chica japonesa que estuvo en WAGOKORO esta semana, mientras estábamos hablando, me dijo: “¡Este jueves por la noche es luna llena!” (es decir, hoy, la noche del 19 al 20 de septiembre). El tono con el que me lo dijo transmitía una especie de entusiasmo contenido con algo de impaciencia e ilusión, como cuando sabes que pronto ocurrirá algo que te gusta y tienes ganas de que llegue ese día.

Tsukimi
Tsukimi

Ante este comentario me quedé un poco perpleja pero luego me acordé de que en Japón la lluna llena de octubre se celebra como algo especial.

Antiguamente la primera luna llena de otoño marcaba el inicio de la temporada de cosechas, cosechas de las que se comería el resto del invierno (o, según los productos, el resto del año) y la gente lo celebraba con lo que se conoce como Tsukimi お月見, que significa literalmente “mirar la luna”.

En ese día tan especial se decoran las casas con tsukimidango 月見団子, unas bolas hechas de harina de arroz glutinoso mochi 餅 que se asemejan a la luna llena y que luego se comen, y unas ramitas de susuki ススキ, de las que se creía que tenían poder para ahuyentar los malos espíritus y tenían la función de proteger los productos del campo hasta finalizar la cosecha.

Susuki

También forman parte de la decoración de este día conejitos o usagi うさぎ haciendo mochi, ya que los antiguos japoneses creían ver en las sombras de la primera luna llena de otoño a dos conejitos amasando el arroz con un mazo para producir la pasta de arroz glutinoso mochi, en lo que se conoce como mochitsuki 餅つき.

Tsukimidango
Tsukimidango

Actualmente este día ya no tiene un sentido tan ligado al campo pero todavía sigue celebrándose el día de luna llena de principios de otoño, también llamado Jûgoya 十五夜 o Chûshû no meigetsu 中秋の名月, por lo cual la gran mayoría de japoneses están pendientes de las fases de la luna cuando se acerca la época del Tsukimi.

¡¡Sobre todo, no os olvidéis de contemplar esta noche la luna llena antes de iros a dormir!!

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El conejo que fue a la Luna

なぜ日本人は月にうさぎが見えますか? お月さまに行ったうさぎのお話です。

¿Alguien sabe por qué los japoneses ven en la superficie de la luna la imagen de un conejo?

Cuenta una de las muchas leyendas japonesas asociadas a esta imagen que un día un mono, un zorro y un conejo fueron juntos a ver a Dios y le dijeron:

– Dios, quisiéramos pedirte un favor: en nuestra próxima vida queremos nacer como humanos.

Dios les respondió:

– Si queréis nacer como humanos ahora tenéis que ser capaces de ofrecerles vuestra comida.

Dicho y hecho: el mono se fue enseguida a la montaña a coger castañas y caquis para ofrecérselos a los humanos; el zorro fue al río a pescar; pero el conejo se quedó pensando qué hacer, con el rostro preocupado, puesto que la base de su alimentación es la hierba tierna y en invierno no hay lugar dónde encontrar. Triste y decepcionado fue a reunirse con el mono y el zorro, que le preguntaron:

– ¿Dónde está tu ofrenda, conejo?

– No puedo ofrecer nada: en esta época del año la hierba está seca y los retoños de las plantas todavía no han empezado a salir.

El mono le contestó:

– Pues entonces vas a seguir siendo conejo para siempre.

Y el zorro añadió:

– ¡Sí! Si no traes nada de comida para ofrecer a los humanos, ¿cómo quieres convertirte en humano en tu próxima vida?

– No lo sé… Bueno, ¡dejadme un día más de tiempo! – respondió el conejo.

Al día siguiente el conejo fue a la montaña y empezó a recoger tronquitos secos y hierba seca. Cuando tuvo suficientes volvió a reunirse con el mono y el zorro, los colocó en el suelo formando una montañita y dijo:

– Ahora voy a preparar mi ofrenda así que os pido que prendáis fuego a estas hierbas secas.

El mono y el zorro obedecieron.

– Yo no tengo nada de comida que pueda ofrecer así que… así que me ofrezco a mí mismo como alimento para los humanos – dijo el conejo y sin pensarlo saltó a la pequeña hoguera que habían encendido sus amigos.

En ese mismo instante Dios bajó de lo más alto del cielo, cogió al conejo y se lo llevó con él de vuelta al cielo. El mono y el zorro se quedaron con la boca abierta mientras oían decir a Dios:

– Vosotros dos seguramente podréis convertiros en humanos en vuestra próxima vida, como premio por haber demostrado vuestra buena intención de compartir vuestra preciada comida con los humanos, lo cual tiene un gran valor. Pero todavía tiene mucho más valor el gesto de vuestro amigo el conejo, que ha querido sacrificarse a sí mismo para que se lo puedan comer los humanos. Por eso me lo llevo al país de la Luna, donde va a ser feliz para el resto de su existencia.

Diciendo estas palabras siguió su camino hacia lo más alto del cielo con el conejo cogido entre sus brazos.

Desde ese día se puede ver en la superficie de la Luna la imagen del conejo que vive feliz en ese país.

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